¿Cómo oímos?

ruido

El oído humano ha evolucionado a través de millones de años y no ha tenido tiempo de prepararse para el cambio repentino. Hasta la llegada de la pólvora los sonidos más fuertes eran los de la naturaleza, como el trueno, el terremoto, la catarata o el mar. Hoy tenemos aparatos que con muy poca energía pueden producir un sonido muy fuerte (de alto volumen), por encima de lo que puede soportar el delicado mecanismo de nuestro oído.

CÓMO OÍMOS

El sonido es la vibración de moléculas que capta el oído. Para un delfín lo transmite la vibración de las moléculas de agua, para nosotros la vibración de las moléculas de aire. Poseemos un órgano auditivo que comienza con el tímpano –una membrana, como el cuero de un tambor–  tras el cual hay una cadena de huesitos, que por su forma se llaman “yunque”, “martillo” y “estribo”. La vibración  del tímpano es transmitida por los huesitos al oído interno que, además de tener canales en tres planos que controlan el equilibrio, tiene un elemento llamado “coclea”, por su forma de caracol.

En la coclea se encuentra el órgano de Corti, una estructura compleja que contiene una membrana con pelos muy finos (del espesor de una telaraña). Las vibraciones recibidas a través del tímpano y los huesitos hacen vibrar los pelos que producen señales electroquímicas que el nervio auditivo lleva al cerebro. Este mecanismo, en un oído perfecto, registra vibraciones cuyas frecuencias van desde los 20 Hz (20 vibraciones por segundo) hasta los 20,000 Hz.

LA INTENSIDAD

El oído humano tiene limitaciones tanto para las frecuencias (tonos) como para la intensidad (fuerza o volumen) del sonido que registra. La intensidad se mide en “decibeles” (décimas de “Bell”9 dB, en honor a Graham Bell)* en una escala logarítmica: una relación exponencial, no lineal. Así 130 dB es una intensidad 10 veces mayor que 120 dB y 140 dB es 100 veces mayor. Algunos ejemplos nos dan una idea de la intensidad de los sonidos que nos rodean. Una habitación tranquila está entre 30 y 40 dB, y una conversación normal entre 50 y 60 dB; una aspiradora está en los 70 dB, un despertador en 80 dB y un niño gritando en 100 dB. Un concierto de rock llega a 120 dB.

Los pelos del aparato de Corti vibran en la frecuencia (tono) del sonido y con la fuerza e intensidad con la que éste llega al oído. Por ser la última pieza del sistema que transmite el sonido, determinan su límite y, cuando la intensidad es muy alta, los pelos se fatigan y se puede producir un daño. Cuando la frecuencia (tono) del sonido está por debajo de 20 o por encima de 20,000 Hz, los pelos no vibran y no oímos nada. Cuando la intensidad está por debajo de los 20 dB generalmente no oímos nada, pero  cuando la intensidad sobrepasa cierto límite las consecuencias pueden ser graves.

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