
Ha muerto Ray Bradbury. Aunque me llevaba diez años y nunca lo conocí, es como si hubiera muerto un amigo. Sus libros más famosos son “Farenheit 451” y las “Crónicas Marcianas”, pero el que más recuerdo es “The October Country”, de cuentos cortos.
Bradbury es mencionado siempre como autor de “ciencia ficción”, pero eso no es justo. Si bien sus cuentos incluían artefactos y eventos extraordinarios, nunca se esforzó por dar explicaciones científicas como Asimov o Clarke: sus cuentos eran fantásticos y fantásticamente bien escritos.
Aunque nunca fue a la Universidad ni estudió literatura, leyó mucho y tenía un talento innato. Recuerdo claramente dos de sus descripciones: una del caballero armado medieval que se enfrenta a la locomotora, el otro sobre una pareja de gringos que visitan catacumbas en México y quedan atrapados en el pueblo. Ambas tan extraordinariamente bien escritas que las tengo grabadas en la memoria por más de medio siglo. Sospecho que, con el tiempo, Bradbury pasará a ser uno de los grandes de la literatura inglesa, si ya no lo es.
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