
Mientras el peyote es un alucinógeno, que crea visiones y sensaciones sin un estímulo exterior — alucinaciones– el LSD necesita un estímulo para distorsionarlo y convertirlo en una visión falsa de la realidad, como por ejemplo ver objetos familiares distorsionados y en falsos colores, o el “ver” música, o sea obtener sensaciones ópticas con un estímulo auditivo. Mientras los opiáceos dan una sensación de bienestar, anulan el dolor y las aprensiones naturales (heroína viene de acto heroico por pérdida de miedo), los estimulantes, como la cocaína y la anfetamina, tienen otro efecto.
La acción del estimulante es anoréxica (quita el hambre), mejora el estado de ánimo, crea un estado de alerta, concentración y mejora la performance física, dando una sensación de bienestar. Estos son los efectos de la cocaína y las anfetaminas. Tanto los opiáceos como los estimulantes van generando tolerancia, por lo que los usuarios requieren de dosis crecientes, y tienen síntomas de abstinencia traumáticos. En el caso de los alucinógenos la dependencia física es menor, pero la abstinencia produce estados depresivos y psicosis, con una dependencia psicológica que puede llegar a ser aguda.
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