
Hubo una época en que la hora se leía en un dial de un reloj solar. Luego vinieron una serie de avances, el péndulo, el mecanismo de escape, el reloj de Harrison que navegó a Jamaica y fue el primero en obtener la longitud geográfica.
Los relojes se perfeccionaron, llegó el “Accutron” de diapasón, el reloj de cuarzo y el reloj atómico.
Ahora resulta que el reloj atómico es más preciso que la Tierra con un error de 1 segundo en más de un millón de años … que varía ligeramente en el tiempo que le toma dar una vuelta.
A través de los años esta variación se acumula y para mantenerse con el reloj atómico se ha llegado en el segundo bisiesto (Leap Second), así como usamos el 29 de febrero para compensar la no correspondencia en número de días en una vuelta Tierra-Sol (Año) compensamos las irregularidades en la rotación de nuestro planeta.
Ahora el problema es que existe una serie de instrumentos muy precisos para los cuales añadir un segundo crearía problemas. El más notorio es el GPS (Sistema Global de Navegación por Satélite) que obtiene sus lecturas en base a relojes sumamente precisos que registrar pequeñas fracciones de segundo en la llegada de una señal.
Modificar todos estos sistemas supone un trabajo complicado e innecesario, si se toma en cuenta la importancia de un segundo en la hora que usamos para nuestros asuntos cotidianos. El tema sigue en debate, pero creo que no tendría mayor importancia si vamos acumulando segundos y dejamos que los científicos del año 2100 resuelvan el problema.


