
Hace casi 20años, a Gorbachov, durante su visita a España, la gente le gritaba en la calle ¡Torero! El cumplido máximo. Me dio pena que este hombre que contribuyó a cambiar el mundo, en pleno uso de sus facultades, tuviera que dejar el poder de la segunda potencia militar del planeta. En el Kremlin ondeaba una nueva bandera sin la hoz y el martillo tras los que, con gorra de pieles, se escondían los villanos de las películas que disparaban en la nieve a los buenos. De golpe dejaron de ser malos, lo que me preocupó.
Esto fue antes del atentado contra las torres de Nueva York. Los únicos que quedábamos par asumir el rol éramos nosotros, y estábamos mandados hacer para el papel de malos. A diferencia de Rusia, el tercer mundo en general y América Latina en particular, no está poblado de gordos rosados que es necesario identificar con gorras de pieles, solapas rojas y escudos.
Somos los inventores de la cocaína y corrompemos a la inocente juventud occidental (el consumidor que mantiene el negocio) para llenar nuestras rebosantes arcas en Suiza (ojo, no confundir, los suizos son buenos, sólo que no pueden renunciar a su función de banqueros, pues es su destino, su cruz… y cómo sufren.
Los “hispanics” somos los flojos de las películas en blanco y negro que dormíamos apoyados contra el muro (tapándonos la cara con el sombrero) y, mientras los demás trabajan, decimos “mañana”. Peggy Lee inmortalizó ese cliché en una abominable samba con música de Dave Barbour. Además todos queremos ir al norte. A diferencia de los ex-malos rusos, que viven en un clima inhóspito, que bailan y cantan en coros, nosotros somos tropicales (aunque nos morimos de frío en los Andes) y libidinosos…¡usamos bigotes!
Teníamos condiciones excepcionales para ser los malos de la película y cuando el puesto quedó vacante lo ocupamos al toque. Los Popoff y Chevchenko pasaron a ser López y Gonzáles e Iván pasó a ser Carlitos. El alivio llegó con los islámicos. A partir de la tragedia de del 11/9, Hollywood tiene malos perfectos, pero cuando se trata de delincuencia común seguimos en el rol, ahora compartidos con la mafia rusa (no eran tan buenos, después de todo).
Otro detalle interesante es el nuevo rol que han adquirido los “afroamericanos” (ya no son negros, zambos ni mulatos). Sospecho que el número de jefes de policía, abogados, médicos, y “afroamericanos” en las series de televisión supera al de los que ostentan esos cargos en la vida real. Si yo fuera norteamericano también hubiera votado por Obama, pero no tendría ningún reparo en que digan que es zambo.
La industria del “entretenimiento”, que da al público libre acceso a información manipulada, es muy eficiente. Aunque compartida con los Talibanes y yihadistas, sospecho que nuestra carrera de malos va a ser larga. Estoy extrañando a los rusos de solapas rojas y gorra de astracán que –Kaleschnikov en mano—decían con cara de palo: ¡Your dokuments! … ya volverán.
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