
Para quienes no lo conocieron, en el tablero de los autos de entonces –como el Packard de 1939– había un instrumento pequeño, pero muy importante: el amperímetro. Este indicaba si el dinamo estaba cargando la batería e, igual que el manómetro de aceite, era bueno observarlo de vez en cuando. Si uno aceleraba el motor y la aguja del amperímetro no subía había motivo de preocupación. Si uno aceleraba y la presión de aceite no subía había que apagar el motor a riesgo de fundirlo.
El alternador y luego la electrónica han superado las emergencias eléctricas de antaño. Las baterías están selladas, los alternadores las mantienen cargadas y todas duran años. La mayoría de los automovilistas de hoy ni sabe donde está la batería y nunca ha desconectado una. Para quien le interese, la del Packard quedaba debajo del asiento. Las emergencias eléctricas han sido reemplazadas por las fallas electrónicas que, si bien no son frecuentes, cuando ocurren requieren de costosos aparatos para diagnosticarlas y no se reparan.
Las herramientas en electrónica son los aparatos de diagnóstico, y luego un desarmador para abrir y cambiar el “chip”…previo pago de varios cientos de dólares. No es que las herramientas hayan desaparecido; en los talleres, donde se siguen bajando motores, desarmando transmisiones, suspensiones, etc., se siguen usando las llaves de boca, corona y dado, los desarmadores de diverso tipo y herramientas tan prosaicas como la gata y llave de rueda, la lima y el martillo. La gran diferencia está en que hoy no vale la pena cargarlos en el auto, pues no hay nada que se pueda reparar con ellas.
Hoy, más allá de cambiar una rueda o una plumilla del parabrisas, es poco lo que puede hacer el automovilista. Al aficionado que quiere su auto le queda todavía la opción de lavarlo, limpiarlo, encerarlo y sacarle brillo, pero poco más. Sin lugar a dudas es preferible andar sin herramientas en un auto que no se malogra, que cargar excelentes herramientas porque se usan con frecuencia. Sin embargo las herramientas tienen en si algo que da satisfacción; limpias, guardadas cada una en su sitio, tienen un atractivo especial.
Uno de los motivos de orgullo del Jaguar de mi padre estaba en la tapa de la maletera. Esta, que se abría hacia abajo quedando como una plataforma extendida para maletas adicionales, tenía un secreto. La parte central era una caja de lata negra que se abría con un dos pestillos cromados revelando un azafate de madera tapizado en paño verde, de aproximadamente 60 x 50 cm., donde cada herramienta encajaba perfectamente en un hueco moldeado a su forma.
A la menor ocasión yo mostraba las herramientas del Jaguar, aunque nunca las usé. Me daba pena sacarlas de su sitio y tenía mi caja metálica roja con herramientas que venía coleccionando por años. Además, lo que le fallaba al Jaguar era la bomba de gasolina marca SU (eléctrica por supuesto), para la cual no había ninguna herramienta en la hermosa caja de la maletera. Para arreglarla se requería de un pequeño desarmador, lija para los platinos y disposición para echarse debajo del auto, pues estaba ubicada en una viga del chasis.
No se cómo será con los motociclistas, pero supongo que las bicicletas todavía se pueden arreglar en casa con un juego de herramientas. También imagino que debe haber automovilistas de nueva generación que, a pesar de las tapas de plástico, componentes electrónicos y chicotes de colores, arreglan algunas cosas sin recurrir al taller. Deben ser pocos pero muy hábiles y sospecho que entre sus sofisticadas herramientas debe haber todavía algún desarmador, una llave de boca y un alicate.
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