Zurdos, Colesterol y Computadoras

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Hace casi 20 años las revistas de ciencia informaron sobre un estudio hecho por dos sicólogos que me llamó la atención. Según los doctores Halpern y Coren los zurdos tenían una expectativa de vida menor. Pasada cierta edad no había zurdos, y los doctores concluyeron de que era porque se habían muerto. Metieron sus datos en una computadora y resultó que su vida era casi 10 años más corta que la de los diestros.

A esto no le encontraba ninguna lógica… hasta que me di cuenta que era absolutamente cierto. ¡No podía haber zurdos mayores que yo, porque en mi época todos los chicos –zurdos o no– tenían que aprender a escribir con la derecha! Si los doctores lo hubieran averiguado, habrían descubierto que entre los viejos lo que hay es ambidextros. Tal vez a partir de este dato, hubieran llegado a la conclusión de que alguien está asesinando los ambidextros chiquitos, porque ya casi no hay ambidextros.

Comenté esto con un par de amigos, pero nunca me preocupé de escribirlo. Un año más tarde el doctor Jorge Sabogal me alcanzó un excelente artículo de Phillip E. Ross, publicado en la revista Forbes, titulado “Mentiras, Malditas Mentiras y Estadísticas Médicas”. En este artículo el señor Ross menciona, entre otros, el “estudio” sobre la expectativa de vida de los zurdos, con la explicación que yo sospechaba. Menciona que, publicado en una prestigiosa revista médica y recogido por el Washington Post, sus autores fueron el hazmerreir de la Universidad Johns Hopkins.

Al lado de los zurdos, Ross menciona una larga fila de estudios sobre los peligros de comer, o dejar de comer, determinadas cosas. Explica cómo la información parcial o dudosa ha influido en que mucha gente deje de comer huevos, una forma barata y sana de obtener proteínas. Entre otros, menciona el famoso “síndrome de muerte infantil repentina”, que dio origen a la venta de millones de dólares de aparatos “monitores”. Veinte años después de publicar el “estudio epidemiológico” sobre muertes repentinas, el “New England Journal of Medicine” admitió que las cifras infladas se debían a que una madre asesinaba a sus hijos.

La historia de los colesteroles buenos y malos, y de cómo la mantequilla y la margarina alternan posiciones como potenciales asesinos o salvadores, es grotesca. La gente pasa frenéticamente de una forma de alimentación a otra y fabricantes y granjeros ganan o pierden millones, por estudios sin sustento. Ross atribuye una buena parte de este fenómeno a la computadora, que permite procesar datos más rápido de lo que requiere un proceso lógico que sustente las conclusiones. Las cifras producidas al instante, vistas sin criterio como en el caso de los zurdos. llevan a conclusiones absurdas.

Según Ross, la enfermedad de la que debemos cuidarnos –que no mata, pero que hace la vida miserable– es la hiponcondría. Por lo pronto nos está quitando uno de los placeres básicos de la vida: comer rico. Los temas que abarca  el artículo van desde las líneas de alta tensión (se supone que causan leucemia) hasta las fortunas que se gastan en pastillas para adelgazar (causando suicidios). Hoy se podría incluir los celulares y sus antenas. En todos los casos se confirma que las medias verdades son aún más peligrosas que las mentiras.

Habría que rescatar el artículo del Dr. Ross y circularlo entre los médicos, los hipocondriacos y los que viven preocupados por su salud… que creo que somos todos.

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