
El otro día acompañé a un amigo a un supermercado donde había, como siempre hay, vino en oferta. Probé una copa y terminé comprando un par de botellas… después de todo estaban en oferta. Para justificar el gasto le dije que el vino es sano y me dijo que eso era un cuento. Prometí respaldar mi afirmación. En la casa encontré en mi archivo mi comentario sobre un artículo publicado en la respetadísima revista médica inglesa “The Lancet”. Es cierto que fue hace casi veinte años, pero eso no importa porque no se de ninguno posterior que lo haya desmentido.
El artículo daba cifras reveladoras sobre ciertos efectos del alcohol. En Stanford, California, donde la gente es dada a la comida ligera, a los aeróbicos, al agua mineral y al deporte, de cada 100 mil personas de edad media cada año mueren 230 de infarto cardiaco. En la ciudad de Toulouse, en Francia, hay uno de los consumos más altos de hígado de ganso o pato, la gente admite que come en exceso, y los únicos que hacen aeróbicos son las colegialas, pero sólo 89 personas de edad media de cada 100 mil morían de infarto. El estudio concluye que la diferencia está en el vino.
El consumo promedio de vino en Toulouse estaba entre dos y tres vasos por persona al día y mayor para las personas de edad media, más expuestas al infarto. Esto hizo pensar a Leroy Creasy, investigador de la Universidad de Cornell, que el vino contiene un compuesto que contrarresta el efecto de las grasas que atoran las arterias. Creasy cita un estudio hecho en Japón con ratas, que muestra que el resveratrol –presente en el vino, sobretodo el tinto– adelgaza la sangre. Según Creasy las plantas producen resveratrol para defenderse de los hongos y está en la cáscara de la uva, razón por la cual el vino tinto, hecho con cáscara, contiene más que el blanco.
Según el Dr. Creasy se puede ingerir resveratrol sin recurrir el vino, lo cual es menos interesante. Hasta donde se, la teoría del resveratrol no ha sido confirmada, pero para justificar mis dos botellas (ambas de tinto) basta citar las cifras de Toulouse y Stanford que parecen indicar que el vino es más sano que los aeróbicos y las lechugas… al menos para el corazón. Salud.
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