
Hace unos 10 años asistí en Berlín una conferencia de prensa, organizada por la empresa farmacéutica Schering, con exposiciones de científicos de renombre mundial. En ella trató el problema poblacional y se presentaron las formas en que sus consecuencias podrían ser tratadas en el futuro. Uno de los documentos presentados expuso el cambio de la estructura demográfica que enfrentaría la humanidad al entrar en el tercer milenio. No sólo el incremento de la población, sino su estructura, serían un desafío a la ciencia biomédica en general y a la terapia hormonal –especialidad de Schering– en particular. Cumplidos diez años las preocupaciones de entonces siguen siendo válidas.
Al inicio del siglo XIX la población mundial no llegaba a los 1,000 millones. Cien años después era de 1,650 millones y al iniciarse el siglo XXI pasó los 6,000 millones. Hoy pasa de 6,300 millones. Esto es aún más dramático si se considera que en 1950 la población era de 2,500 y en 1970 de 5.600. El desplazamiento geográfico de la población, que se mantiene hasta hoy, fue un dato interesante. Al iniciarse el siglo, Africa representaba el 8% de la población mundial y Europa casi el 25%, mientras que Asia tenía más del 57% y las Américas 9.5%. Al terminar el siglo Africa se tenía al 14%, Asia 60.7%, las Américas 14% y Europa no alcanzaba el 12%.
Más importante aún es la composición de la población que, debido al progreso de la medicina y la sanidad, ha variado drásticamente, en forma inversa a su expansión. Mientras que sólo 35 años antes la edad promedio de la población europea no llegaba a 31 años, en el 200 pasaba ya los 40 años; en contraste, la edad promedio de la población africana había aumentado tan sólo a 18.2. Africa tiene una población muy joven, con muchos niños que alimentar, mientras que en Europa –y en todos los países desarrollados– hay cada vez más viejos.
Esto lo ilustró la expectativa de vida de los que nacerían el año próximo: para un hombre africano será menor a 53 años, mientras que para una mujer norteamericana o japonesa sería de más de 80 años.
El porcentaje de la población de edad proyectada entonces a los próximos 25 años es todavía más impresionante. En la India, donde sólo el 7% pasaba de los 60 años, el 12% ya pasa de esa edad, pero en Europa y Japón los mayores de 60 años legarían al 33% de la población. Uno de cada tres habitantes –a menos que se modifiquen las leyes laborales—está jubilado o cerca de la jubilación. Así, por un lado tenemos el incremento de población en los países peor equipados para educar y proveer servicios de salud, mientras que en los países más desarrollados la población envejece y se convierte en una carga social.
Para enfrentar el crecimiento demográfico y su cambio de estructura, se requiere la aplicación de todo el arsenal científico y tecnológico con que cuenta la humanidad y, dentro de este arsenal, los fármacos a base de hormonas juegan un papel crucial. En cuanto a anticonceptivos, el progreso ha sido importante. En las naciones en desarrollo, donde está el problema de la sobrepoblación, en 1960 se calculaba en 30 millones los usuarios de anticonceptivos, hoy son más 400 millones. Su uso a nivel mundial se estima hoy en 60% siendo el más bajo el de Africa y el más alto el de Asia Oriental.
La conferencia llego a la conclusión que el uso de anticonceptivos enfrenta sólo una faceta del problema población. Para enfrentar el problema del aumento de edad de la población, se requiere otros recursos que permitan mejorar su calidad de vida, extender su productividad y disminuir la carga que representarán para el resto de la población en el próximo siglo.
Han pasado más de 10 años, las cifras previstas se han superado y los problemas siguen siendo los mismos… solo que mayores.
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tremendo reto!, los holocaustos, las guerras civiles, invasiones y/o migraciones enormes, serán como siempre la solución menos cientifica pero eficaz.
Estimado Elvis:
Desgraciadamente lo que dices es cierto, la historia nos enseña que la presión demográfica, antes de que se encuentre soluciones pacíficas viables, se comienza a resolver sola por medios violentos. Son los planteamientos de Darwin aplicables a toda forma de vida, la supervivencia del más apto que no quiere decir necesariamente el mejor, en ningún aspecto.
Saludos,
Tomás