
Una pareja camina por la calle, en un día de otoño en el hemisferio norte. Mientras saludan a un sujeto de abrigo que viene en sentido contrario, éste saca un revolver y — siendo aparentemente un excelente tirador– de dos disparos mata a ambos. Luego vienen los avisos.
“¿Que nueva masacre televisiva es esta?”… “No es ninguna masacre, es una serie de abogados, no tiene casi violencia…” Cierto. No había torturas, sangre, cadáveres mutilados ni violaciones con gritos de agonía interrumpidos por risas sádicas. Es una serie “limpia”, hay sangre en el lugar del crimen pero los muertos casi no aparecen. Sin embargo la trama tiene que sustentarse en muertes violentas. Y donde hay muertes violentas hay asesinos, y víctimas… y donde hay todo eso hay público. O al menos eso creen los productores y nosotros les damos la razón.
Pero no tiene por que ser así. Hace unos días, cuando me quejaba de la violencia en el cine, me preguntaron: “¿que tipo de película te gusta?”. No se porqué, me acordé de tres: una italiana “Cinema Paradiso”, otra ruso-italiana (¿ítalo-rusa?): “Ojos Negros”, y la otra americana: “Perdidos en Tokio”.
“Ojos Negros” está basada en cuentos de Chejov y durante toda la película no hay ningún acto de violencia o agresión física. Lo más grave que sucede es que el protagonista, Marcello Mastroiani, corriendo por los jardines tras una linda rusa se tuerce la rodilla. Sin embargo la película era excelente.
Es evidente que las rumas de muertos, balaceras, artes marciales, sangre, violaciones, vejaciones y torturas son innecesarias para hacer una excelente película; ya no digo una película agradable, porque la hacen imposible. Lo cual trae a colación mi eterna discusión con la jefa, que insiste en que una película puede ser excelente siendo sumamente desagradable. No estoy de acuerdo. Algo desagradable sólo puede ser excelente si su propósito no es entretener o divertir.
Por ejemplo, una ilustración de anatomía mostrando vísceras puede ser excelente y desagradable a la vez, pero su propósito es instruir a futuros médicos y no entretener o divertir. Algunas medicinas son más que desagradables y excelentes a la vez. Pero ir al cine a ver dolor, miseria y sufrimiento para apreciar a quienes los reproducen con eximia habilidad y realismo me resulta incomprensible. Sin duda pertenezco a una minoría con un sentido subdesarrollado de apreciación del arte, porque los hechos me contradicen.
Cada vez que en el cine o en la TV dan alguna “rambada”, con tipos que mueren atravesados por flechas, desmenuzados por granadas, aplastados al caer de gran altura, o con sufrimiento extremo de cualquier tipo, hay lleno. Cuantos se han perdido de ver el noticiario por no perderse una escena en que el malvado recibe su merecido entre los engranajes de una gigantesca máquina, ahogado en un tanque de ácido o cayendo de un helicóptero sobre un campo de cactus. ¡Qué rico!
Me pregunto que oscuros mecanismos hacen que gastemos tiempo y dinero en cantidades alarmantes para mantener esta industria de violencia. También me pregunto hasta qué punto esta industria fomenta la violencia real que nos ha sacado de las calles, ha justificado que compremos armas y que veamos al extraño como un potencial agresor. ¿Por qué habrá tan pocas películas como “Ojos Negros”?
Si mañana prosperara la venta de basura, la culpa sería de los que la compramos. Cierto tipo de basura, como la droga, puede convertirse en un vicio. Dado el poder de la industria de las comunicaciones “recreativas” estamos adquiriendo un vicio que puede ser ruinoso para la sociedad… tal vez ya lo es.
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Grande Señor Tomas! Como siempre mis respetos.
Y es que han convertido a la sociedad mundial en una sociedad sádica que gusta de la penitencia colectiva por llamarlo de alguna manera.
Ahora se “disfruta” de lo cruel y grotesco bajo la el título de que todo es “parte de la humanidad”. Pero la humanidad no es solo el 90% de lo que refleja las películas, libros, obras teatrales, música. Casi todas las producciones derivan, terminan o son completamente brutales, agresivas, criminales, sexuales y homosexuales, etc., etc.
Creo humildemente que la humanidad necesita aunque suene para la gran mayoría utópico, fanático e iluso: Espiritualidad.