
No sé si a otros aficionados a la música les pasa igual, pero a medida que van corriendo los años uno va cambiando de gusto. El violín y el piano eran mis instrumentos favoritos cuando comencé a escuchar música. Luego vino el jazz y la trompeta y después la guitarra. No es un proceso de sustitución sino de preferencias. Probablemente más de la mitad de los discos que he comprado en los últimos años tienen como instrumento principal la guitarra.
Uno de los factores fue la constante mejora de los medios de reproducción de sonido, que hicieron posible apreciar los instrumentos más sutiles; pero esto es sólo un factor. La guitarra es un instrumento muy especial. Creo que es el que mejor acompaña la voz humana, y el que conserva más su personalidad independientemente de la música que se toque en él. Además, tiene sentimiento sin drama, como el violín, que frecuentemente pasa el límite y resulta melodramático y hasta cursi.
Después del piano (y el órgano, para los que les gusta) la guitarra es el instrumento que mejor se bate solo. Además hay infinidad de grados de destreza, habilidad y arte, así como estilos, en la guitarra. Desde el rasqueteo de un cantante que se apoya en la guitarra, hasta don Andrés Segovia. Eso en el sentido vertical. En el horizontal, desde Django Reinhardt hasta Atahualpa Yupanqui (de Norte a Sur) y desde Ramón Montoya hasta Williams (de Este a Oeste).
Atahualpa Yupanqui, un guitarrista con nombre de inca, tocaba esa música especial con “guitarra destemplada” que tiene dimensión y tristeza de cerros, cañadas, punas y recuerdos; como lo hace hasta hoy nuestro Raúl García Zárate.
Cuando se la oye tocada por Atahualpa Yupanqui o García Zárate, la guitarra adquiere una dimensión distinta y se parece tanto a la guitarra de jazz, o a la clásica, como una vicuña a un caballo o un cóndor a una cigüeña. Con las justas son prójimos.
Recuerdo una noche en que tuve el honor de tener en mi casa a un grupo de verdaderos guitarristas. Gracias a que mi amigo Pancho Quiroz lo era de Alirio Díaz, tuvimos la suerte de tenerlo con nosotros después de su concierto en el Municipal. Estaban también otros: Pimentel, Garland y García Zárate. Tocó Alirio Díaz y todos nos quedamos maravillados. Luego García Zárate tomó la guitarra (una Orange con cuerdas de nylon) de mi cuñado, la “destempló” y tocó música suya… y de Ayacucho.
Dieron las tres de la mañana y nadie movía una pestaña, comenzando por Alirio Díaz. Esa guitarra llenó el cuarto de montañas, espacios, distancias y, como dijo el gran viajero Ulises, “nostalgia de sitios que no conozco”.
Hay una canción de Atahualpa Yupanqui que dice “¿A qué le llaman distancia?”. Algo que tiene toda guitarra bien tocada…
Tweet


