
Hoy, con la cantidad de canales de TV, ocasionalmente se encuentran perlas: películas antiguas, que vimos, creemos haber visto, o éramos demasiado chicos para que nos dejaran ver. La tecnología del cine ha evolucionado tanto que se ven simples, en blanco y negro y sin efectos especiales, pero su calidad en muchos casos es envidiable. Argumentos interesantes, con buenos actores y poca violencia las hacen entretenidas y aptas para todos.
En mi época de estudiante, los cines se llenaron porque Hedy Lamarr salió por unos instantes calata (de espaldas) en “Extasis”. Hoy sería una película para niños, que ven a toda hora parejas cepillando cuando pasan los avances de la película que van a dar en la noche. Mucho más grave es la cantidad de asesinatos, golpizas, y crueldades. En cambio, las películas de antes son en su mayoría las sobrevivientes –las mejores de su época– que están siendo recicladas y vale la pena verlas.
Las películas antiguas, además del alivio de no ver violencia, cataclismos espectaculares ni masacres, son un testimonio de los cambios que hemos vivido. Desde los teléfonos, la ropa, los caballeros con sombrero, las damas de amplio busto, los buenos modales y hasta los autos, nos ilustran el tiempo que ha pasado. Muchos recordamos esos artefactos y ropas, aunque a veces no nos es fácil ubicarlos en el tiempo y uno de los aspectos divertidos de ver películas antiguas, es tratar de hacerlo.
Las que hacen referencia directa a un episodio de la guerra o a un evento histórico importante resultan fáciles. Otras lo son menos, pues no dan indicios directos de los años en que fueron filmadas. Aquí existen algunos elementos que permiten deducir fechas. En el caso de las películas que suceden en “la actualidad” –sea del año que fueren– los autos son el carbono 14. Ninguna película puede haber sido filmada antes del año del auto más moderno que aparece en ella. Lo inverso es posible, pero generalmente aparece algún millonario con un auto de último modelo, que da el año de la filmación.
A diferencia del Hollywood de hoy, el de antaño no le prestaba demasiada atención a ciertos detalles históricos. En las películas biográficas de personajes famosos suelen aparecer artefactos que no son de su tiempo. En este sentido, los europeos, sobre todo los ingleses, son más cuidadosos y hasta ahora nunca he visto que se les haya escapado un arma, un vehículo, ni siquiera una herramienta o un mueble, posterior al tiempo en que se supone que sucede la historia. Esto incluye en la mayoría de los casos el lenguaje.
Si bien las películas históricas –ya sea biografías de Napoleón , Lincoln o Edison, o la conquista del oeste– pueden tener mérito cinematográfico, son de menor interés hoy. Las historias que suceden en la época de filmación son las que presentan un registro fascinante de los cambios que hemos vivido en el corto tiempo que lleva la industria cinematográfica. Con frecuencia tratamos de deducir por la ropa, los utensilios y el aspecto de las calles, la fecha de una película; generalmente nos equivocamos por exceso.
Muchas veces, al ver una señora con falda a la pantorrilla hablando por un teléfono de pared, creemos que se trata de los años veinte. Con frecuencia la película fue filmada cuando ya éramos estudiantes universitarios en los años cincuenta. El escaso tráfico en las calles, la falta de sensación de peligro, los pequeños aviones de hélice y los tranvías nos hace pensar en un pasado remoto. Sin embargo muestran un mundo que en aquel entonces era moderno. Para nuestros nietos probablemente están más cerca de Napoleón y Lincoln que del último mundial de fútbol. Pero si quieren saber el año, tienen que preguntarle al abuelo por los autos. Si no hay autos siempre puedo recurrir a la enciclopedia cinematográfica, aunque es menos divertido.
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Mi estimado Tomas Unger. En las películas en blanco y negro (creo más apropiado en “escala de grises”, aunque no suene comercialmente) también había violencia. Claro que la había, uno observaba a un tipo que lo perforaban con una ametralladora M1 Thompson resistiendo de pie hasta el vaciado de la carga del tambor, nada menos que 50 cartuchos, luego caía dramáticamente con apenas unas gotas de sangre. Bastante irreal. No sé si comparativamente contra los efectos especiales de hoy, la violencia de antaño era más, o menos; lo que sí puedo atestiguar es que los efectos especiales faltantes eran completados por mi imaginación; en consecuencia, la real violencia era construida en mi adolescente cerebro. Algo semejante pasaba con las escenas eróticas. Uno veía una espalda femenina desnuda y la imaginación completaba el desnudo completo, por lo que, me parece, el erotismo era mayor. Por supuesto que también habían cosas divertidas como el héroe que se enfrentaba a unos cuatreros disparando a diestra y siniestra con su mágico revolver; esto hacía que un espectador de la película se cuestionara: “Algo debe andar mal, el sujeto ya ha disparado como veinte tiros con un revolver de sólo seis balas”.
Saludos.