
Con motivo del Mundial han estado pasando películas viejas de campeonatos anteriores que han servido para darnos cuenta de cómo ha cambiado el fútbol.
Antes era en blanco y negro, no había avisos en la cancha ni en las camisetas, y los uniformes se parecían a los que usaban los colegiales. Casi nadie lo veía, pero lo oíamos por radio y después íbamos al cine a ver los noticiarios. No existía la definición por penales y teníamos que creer todo lo que decían los diarios sobre las jugadas más espectaculares.
Hoy, cuando a un arquero se le chorrea la pelota lo ven mil millones de personas. Las camisetas parecen un collage y hay avisos hasta en la pelota: un negocio de miles de millones. Los dos goles más importantes del primer Mundial de post-guerra –probablemente de la historia del fútbol– los de Schiaffino y Giggia, sólo los oímos. Tal vez los vimos después en el cine, pero no lo recuerdo. Ahora los goles son en colores y los pasan vistos de todos los ángulos… y pronto será en tres dimensiones. Estoy seguro que vemos más fútbol y mejor que los que están en Sudáfrica; los que tienen el tiempo y la paciencia, pueden ver tres partidos en un día sin moverse de su casa. Pero no es lo mismo.
La publicidad atada al Mundial ha hecho que los medios le den gran cobertura, con lo que muchos que no son aficionados se interesan y toman partido. Esto ha servido para detectar una serie de sentimientos ajenos al deporte, a los que el fútbol da la oportunidad de aflorar. He oído frases como: “que gane cualquiera menos los chilenos”. Independientemente de si juegan bien o mal, gracias a la invasión de yupis chilenos, parece haber un sentimiento generalizado contra su equipo.
Lo inverso sucede con Nigeria o Ghana, cuya ubicación geográfica la mayoría ignora, porque a todos les alegra que un equipo de un país del Tercer Mundo les gane a las potencias millonarias. Esto es verdad, pero sólo hasta cierto punto, pues la mayoría de los jugadores está en los clubes del Primer Mundo. Igual, cuando juegan bien me daría gusto que ganen.
En la época de la radio y los noticiarios en blanco y negro no veíamos los partidos, pero eso no impedía que todos opináramos como expertos. En los partidos finales estábamos prendidos del radio. Eso no afectaba al tráfico, ralo de por sí en aquel entonces, porque la mayoría de los autos tenía radio y las emisoras locales retransmitían los partidos “en cadena”. Ahora, cuando hay un buen partido, el tránsito baja notablemente, la gente cancela las citas a última hora y en mi calle hay un agradable silencio. Esto es explicable porque el fútbol es uno de los pocos eventos internacionales en que no se habla de matanzas, “luchas étnicas”, amenazas ambientales o intentos frustrados de paz.
Es cierto que el fútbol es una guerra a su modo, pero con reglas y réferi, en la que las agresiones, al menos hasta ahora, no pasan de unas patadas innecesarias. Los “hooligans” y barras bravas son un fenómeno aparte, que no requiere de un Mundial para manifestarse y que, al parecer, finalmente las autoridades están controlando.
Es ocioso hacer comparaciones con el fútbol de antaño que, por ser oído y no visto, o visto a posteriori, tiene carácter de leyenda. Hoy es un excelente espectáculo, aunque a veces irritante por los avisos inoportunos y la mala narración, que vemos mejor que en el estadio, sin salir de la casa.
En cuanto a los pronósticos, me abstengo. Sobre mis preferencias, diré algo que puede parecer un cliché: me gustaría que gane el equipo que juegue mejor, que no haya definición por penales y que el campeonato no se defina por suerte o por un error del árbitro como sucedió en 1966.
Tweet


Pingback: Domingo de Futbol » Blog Archive » Pasión por los Mundiales de Fútbol « Tomas en Linea
Pingback: Tweets that mention Pasión por los Mundiales de Fútbol « Tomas en Linea -- Topsy.com
GRANDE USTED, DESDE HACE UNA SEMANA ATRAZ EN EL QUE SALIO EN EL PROGRAMA DE CABLE, SIGO A DIARIO SUS COMENTARIOS POR INTERNET !
Excelente artículo; para mi gusto me quedo con el futbol, habilidoso, pícaro lleno de cimbreantes quiebres de Pelé, Eusebio, Garrincha, Tostao, Cubillas, Sotil; y tantos ídolos a nivel mundial; hoy el futbol es atlético, y con estrategias para ganar, sin gustar, sin convencer y sin jugar bonito, echando por tierra la filosofia de dicho deporte, “jugar”.
Gracias y hasta siempre estimado amigo.