
Desde tiempos inmemoriales el hombre ha notado que, caminando en una planicie, puede llegar más allá del horizonte y perder de vista las montañas que estaban a su espalda. Lo mismo sucede con los barcos que desaparecen tras el horizonte. Al observar el cielo, se dio cuenta que avanzando hacia el sur las estrellas del norte iban desapareciendo y frente a él surgían otras que no había visto antes. Todos estos son indicios de que la superficie terrestre es curva. Los griegos, observadores de mente analítica y amantes de la geometría, hace más de 2300 años llegaron a la conclusión de que la Tierra es redonda. Aceptado que la Tierra es una bola en el espacio, quedaba por establecer su tamaño.Hoy, con satélites que dan la vuelta al planeta en una hora y aviones que vuelan más rápido de lo que gira la Tierra –habiendo medido otros planetas– la Tierra parece pequeña. Además, como el hombre se ha multiplicado de manera aterradora, estamos en todas partes –hasta en la Antártida– y nos comunicamos en fracciones de segundo. En la época de los griegos los hombres eran pocos, los medios de transporte lentos y las distancias enormes…la tierra era inmensa. El mundo conocido hace 2000 años estaba fraccionado. Los chinos no tenían conocimiento de los europeos y viceversa. Para los griegos, el conocimiento de la Tierra debía comenzar por sus dimensiones; fue uno de ellos, el filósofo Eratóstenes de Sirene*, quien la midió… con un compás.
En aquella época los griegos colonizaron el norte de África y fue allí donde un 21 de Junio (solsticio** de verano en el hemisferio norte), Eratóstenes notó que en el pueblo de Syene (hoy Asuán) el Sol iluminaba el fondo de un pozo. Esto indicaba que el Sol estaba verticalmente encima. Ese día, al mediodía, no había sombra. Eratóstenes sabía que ese mismo día en la ciudad de Alejandría –ubicada más al norte– los muros proyectaban sombra, y sacó algunas conclusiones. Si medía la sombra del muro de Alejandría el día 21 de Junio, podría conocer el ángulo entre “la plomada” (una línea que apunta al centro de la Tierra) de Alejandría con respecto a la de Syene.
El planteamiento de Eratóstenes equivalía a clavar dos estacas que apuntan al centro de la Tierra en dos sitios distantes y medir el ángulo que hay entre ellas usando la sombra del Sol. Conocido ese ángulo, sólo faltaba conocer la distancia entre las estacas para calcular el perímetro de la Tierra. Eratóstenes no tenía otro recurso que mandar a un empleado a que caminara de Alejandría a Syene (como de Lima a Piura) contando los pasos.
El caminante midió 5000 “estadios” (una medida de la época, equivalente a 160 m) y Eratóstenes había calculado 7.2 grados como el ángulo entre la plomada de Syene y la de Alejandría. Esto quiere decir que si 7.2 grados corresponden a 800 km, el perímetro de la Tierra –que, como toda circunferencia, tiene 360 grados– mide 40,000 km. El resultado de Eratóstenes fué asombroso. Hoy sabemos que el perímetro de la Tierra es 40,098 km, y la cifra exacta de Eratóstenes tenía un error menor al 2.5%.
Las dimensiones que calculó Eratóstenes –aunque hoy sabemos que son correctas– fueron demasiado para sus contemporáneos. La Tierra les parecía demasiado grande y cálculos “corregidos”, hechos posteriormente por astrónomos, redujeron el perímetro terrestre a 28,000 km. Esta cifra fue considerada correcta por más de 1,500 años. Esta cifra convenció a Colón –y con la que él convenció a sus auspiciadores– de que era factible llegar a Asia cruzando el Atlántico en los barcos de que disponía. No lo era, y su viaje estaba condenado al desastre si no fuera porque América se encuentra a mitad de camino. Naturalmente Colón creyó que había llegado a Asia y fue recién 30 años más tarde –en 1522, cuando llegó el único barco sobreviviente de la expedición de Magallanes– que Eratóstenes fue revindicado.
Colón al llegar a América descubrió el nuevo mundo. Sebastián Elcano, al completar el viaje de Magallanes (que había muerto en las Filipinas) redimensionó la Tierra. Si miramos hacia atrás, la hazaña de Eratóstenes nos parece aún más asombrosa. Con regla y compás, pies para caminar y aritmética, 1,700 años antes de Magallanes, el filósofo griego calculó el perímetro de la Tierra sin moverse de Alejandría. Desgraciadamente la actitud griega hacia el mundo que nos rodea –cuestionamiento sin prejuicios y profundo respeto a la lógica– se fue perdiendo y tuvieron que pasar más de 1,500 años desde la muerte de Eratóstenes hasta que los europeos volvieran a pensar como lo hacían los griegos.
Tweet



genial… que gran relato…