
Al final de los años 80, el físico matemático inglés Timothy J. Berners-Lee, tuvo la idea de crear una red de acceso automático a la información, la “Web” (WWW)* . Berners-Lee trabajaba en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) cuando junto con el belga Robert Cailliau desarrolló en 1989 los protocolos para lo que se llamaría “el hipertexto”. Con una computadora NeXT, Berners-Lee diseñó lo que sería el primer navegador de la Web y las herramientas necesarias para utilizarlo. En 1991 publicó el resumen de su invento, poniéndolo a libre disposición del público en la Internet. El primer servidor fuera de Europa fue puesto en la Universidad de Stanford, en California, ese mismo año.
El invento de Berners-Lee se basa en el llamado “hipertexto”, la palabra en azul en el documento que transfiere automáticamente a otro documento u otra dirección donde se encuentra la información referida. El hipertexto funciona combinado con el “hiperenlace”, que requiere de un navegador (browser) como el Safari, Explorer, Firefox, etc. Un documento en la Web puede contener cualquier clase de data digital, desde el texto hasta Multimedia, juegos y programas. Para facilitar el acceso se ha creado las herramientas llamadas “web search engine” o “motores de búsqueda”, como Google o Yahoo, que son los sucesores de la lista de servidores que publicó Berners-Lee en 1992.
A partir de la lista de Berners-Lee, se comenzaron a desarrollar buscadores cada vez más eficientes, comenzando por el “robot” de Web diseñado en MIT en 1993. Al comenzar el nuevo milenio, Google adquirió cada vez mayor importancia gracias a su diseño de una interfase mínima y sencilla. Los buscadores o “motores de búsqueda” tienen hoy grandes instalaciones con miles de computadoras especializadas que hacen posible la asombrosa rapidez en la ubicación de referencias y datos en la Web.
EL FUTURO
Las cifras que dimos la semana pasada reflejan el impacto de la era digital, pero no todos sus alcances. Más de mil millones de computadoras y uno de cada 4 habitantes de la Tierra conectado a la Internet dan una idea; sin embargo el impacto va más allá. El acceso a la información supera cualquier biblioteca o conjunto de bibliotecas imaginable. Las posibilidades de comunicación e intercambio de información de la Internet combinadas con la Web están cambiando el mundo. El avance de la tecnología de las comunicaciones ha independizado a la Internet y la Web de la conexión física. Hoy una pequeña computadora portátil, o un teléfono de última generación, al alcance de un enlace de radio, pueden conectarse al mundo.
Ahora la máquina de escribir, como la lámpara de kerosene y la locomotora a vapor, nos parecen aparatos prehistóricos. La búsqueda en diccionarios y enciclopedias va por el mismo camino. La comunicación escrita enviada por correo en un sobre ha quedado relegada a las tarjetas de Navidad y a las invitaciones personales. Hoy nadie está lejos cuando se trata de información.
Lo que preocupa ahora es el efecto colateral. Comunicados al mundo, aún conversando por Internet, cada vez son más las horas en que estamos solos ante una interfase. No cabe duda que la computadora, la Internet y la Web (que como hemos visto no son lo mismo) están cambiando aceleradamente nuestro modo de vida… aún no sabemos cuanto.
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