
La computadora, siempre que tenga acceso a una fuente de energía, ya sea con el enchufe o una batería, es autosuficiente. Las operaciones que puede realizar dependen de los programas (software) que contiene. Los programas a su vez dependen da la capacidad de la memoria, velocidad, y características físicas (hardware) de la máquina. Lo mismo es válido para los “periféricos” (impresora, parlantes, grabadora de CD, etc.). En un corto tiempo la computadora ha alterado prácticamente todas las actividades humanas, desde la oficina hasta la fábrica, pasando por el hospital, el restaurante, el barco, el avión y el automóvil.
Hoy hay en el mundo más de 1000 millones de computadoras, casi una por cada 6 habitantes. El incremento anual es de 12% y se prevé que en el 2014 habrá el doble. En el 2007 se vendieron 264 millones, en el 2008 llegaron a 300 millones. El 58% está en los EE. UU., Japón y Europa. En el 2009 unos 180 millones de computadoras (16% del total operativo) fueron remplazadas, de las cuales 25 millones fueron a dar a la basura.
LA RED
La capacidad de procesar datos –desde cuentas y planillas, navegar aviones, hacer menús hasta manejar robots– sería más que suficiente para justificar las cifras, pero hay más. Hoy la computadora puede conectarse a una red con acceso, literalmente, a todo el mundo. En los años ’70 los ingenieros la Agencia para Proyectos Avanzados de Investigación (ARPA) de los EE. UU. comenzaron a enlazar computadoras para fines científicos y nació la Internet.
Las cifras que dimos al principio muestran 1,500 millones de usuarios de Internet (1.5 veces el número de computadoras). Es de suponer que el incremento de ambos va a la par, por lo que en menos de una década, en algún momento, la mitad de los habitantes del mundo estará usando la Internet. De esta red que conecta el mundo y los lugares accesibles a través ella, la World Wide Web (la “Web”; WWW), nos ocuparemos próximamente.
La informática emplea el álgebra booleana que lleva a cabo operaciones lógicas con Y y O (AND y OR) además de NO (NOT). Lleva el nombre de su inventor, el matemático ingles George Boole (1815-1864).
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