
En la casa estamos sufriendo las consecuencias de haber atentado contra un micro-sistema ecológico. Eso fue antes de que tuviera nuevamente perro (¡si, ya tengo perro!). La culpable fue mi señora y el beneficiario es el lavador de autos. Aunque la palabra ecología está de moda, hay quienes no saben que quiere decir y el tema podrá sorprenderles. Comenzaré por el principio.
Hace un tiempo en la casa había gatos. En verdad no estaban en la casa sino en el techo y eran gatos silvestres; huían de la gente, robaban comida y cazaban pájaros. Mi hijo les daba de comer, contra la opinión de su madre, y se estableció una convivencia. Los pájaros se mudaron al gran árbol del parque, dejaron de visitar el patio donde mi otro hijo –que ya no estaba en la casa– les acostumbraba echar comida. Sólo seguían viniendo los picaflores, demasiado rápidos para los gatos. El gorrión con su familia se mudó a un espeso matorral delante de mi ventana, impenetrable para sus enemigos.
El ecosistema quedó equilibrado hasta que se fue el último hijo. Mi señora dejó de darles comida a los gatos, les impidió el acceso a la cocina y se mudaron. Se rompió el ecosistema. La explosión demográfica de palomas del parque provocó una migración masiva. Las cuculíes, más discretas, se limitaron a cantar a deshora. Las palomas, desvergonzadas, se dedicaron a procrear con gran aleteo, a hacer bulla y todas sus necesidades desde las ramas. Una rama en especial, que está delante de la casa sobre el auto de mi señora, es su inodoro favorito.
Como consecuencia, el auto requiere lavado diario con riesgo de la pintura. Beneficio para el lavador, aliado de las palomas. Ahora se ha presentado un dilema: ¿cortar la rama del árbol que, además de ser bonita, da sombra al auto o dejar que las palomas sigan dando rienda suelta a sus diarreas sobre él? Cualquiera que sea la decisión habrá perjudicados.
Conocida la impudicia de las palomas (que desde hace un siglo en lugar de llevar mensajes sólo dejan mojones), si cortamos la rama van a mudar su baño al patio, el lavador va a perder su chamba y el auto se va a calentar. Si no la cortamos, la pintura del auto se va a picar (las palomas tienen digestión corrosiva, basta ver los monumentos de Europa).
No cabe la posibilidad de importar gatos porque el techo es dominio del perro, un schnautzer que trata de agarrar todo bicho que se mueve, pero que desgraciadamente no sabe trepar árboles. Los picaflores lo traen loco, caminando en dos patas con la impotencia de un jumbo ante un ante un helicóptero. Las palomas, a pesar de ser estúpidas, no lo son tanto como para bajar al llano.
El micro-sistema ecológico de la casa ha cambiado. La fauna aún no se ha estabilizado porque las palomas están en plena expansión demográfica. Las consecuencias son evidentes y molestas. Lo único que queda es enseñarle al perro a trepar árboles, o tal vez importar una serpiente de las que comen huevos de paloma y soltarla en el parque. Habría que ver qué pasa si la serpiente se encuentra con el perro… La ecología es complicada.
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en mi casa existe un problema similar, las palomas chorrean lo que esta debajo de ellas todo el tiempo, es como si su necesidad fuera “extra necesidad”.
un saludo Mr. Tomas
Aves de presa podrían ayudar.
El primer Cernícalo q tuvimos, después de un tiempo de vivir con las alas cortadas fuera de la jaula, una mañana llegó hasta la punta de un pino en la esquina de la casa. Antes de anochecer regresó todo manchado de sangre q no era suya, se metió a su jaula y se durmió. Desde ese día no le volvimos a cortar las alas ni a darle de comer. Resultó ser un animal muy inteligente y muy autosuficiente. Cuando regresaba temprano debido al frío, entraba por la puerta a la casa, subía caminando (delante de los gatos) hasta el segundo piso y se paraba encima de un adorno en el borde interior de un gran ventanal a ver la puesta de sol. Estuvo con nosotros como tres años hasta el día en trajimos un mono a la casa y nunca mas regresó.
Saludos.