
Por un compromiso solemne con una lectora(no admiradora, sino todo lo contrario) me he impuesto la tarea de hablar de las virtudes. Hemos visto que la virtud es una cualidad del alma definida como una “disposición a hacer el bien”. También hemos visto que
hay virtudes superiores que, aplicadas en dosis suficientes, cualquiera de ellas mata cualquier pecado (hay sólo una excepción, pero es la que confirma la regla, y la veremos al tratar sobre la caridad).
La primera de las virtudes, y probablemente la más importante es la fe. Sobre la fe se ha escrito tanto que no pretendo, ni por asomo, superar lo existente. Lo que trataré aquí es sólo aportar algunos ejemplos modernos que sólo confirmarán la trascendencia, y ventajas, de la fe. Tener fe es creer. Aquí cabe aclarar que cuando que cuando me refiero a la fe y al acto de creer, no me refiero al ámbito religioso –que considero es privado de cada uno– sino al ámbito universal de todas las ideas, científicas, políticas y aun las inubicables, como las que determinan la actitud de la gente hacia los eventos deportivos. La fe juega en todo, y puede ser la diferencia entre el triunfo y el desastre.
La fe mueve montañas, y casi cualquiera otra cosa. Si Alejandro Magno no hubiera tenido fe en su causa no hubiera podido hacer la escabechina de persas que le permitió conquistar el mundo de su época. Si Colón no hubiera tenido fe en que llegaría a Catay y Cipango (China y Japón) no hubieran descubierto América. Si los ingleses no hubieran tenido fe en su causa, no hubieran quemado impunemente a Juana de Arco y si los españoles no hubieran tenido fe en la suya no hubieran podido llevar a cabo la masacre de Cajamarca.
Pero ejemplos de portentos de fe hay muchos. Los sabios que tuvieron más fe mantuvieron la tierra inmóvil dentro de siete esferas celestes durante casi diez siglos y la fe en su causa permitió a los Estados Unidos y a Rusia construir suficientes bombas atómicas para poder en cualquier momento hacer el mundo inhabitable. Hay muchos más, pero la pregunta que se harán muchos es: ¿y esto, qué tiene que ver con el pecado?
Sencillamente, que cuando uno tiene suficiente fe, no puede pecar. Pongámonos en el caso de un musulmán que sabe que el número de infiles que se despache en una guerra santa será computado en su lista de méritos y determinará su futuro para siempre. Ese buen musulmán no podrá chuparse y pecar dejando de matar infieles, sería un tonto… Para ponernos al día, tomemos a un sabio nuclear, de cualquier país. Si tiene fe, no tendrá ninguna duda sobre la absoluta necesidad de hacer la super-extra-hiper-ultra bomba capaz de hacer humo el mundo para conservar su sistema político. Ese sabio nunca pecará soplándole datitos al enemigo, haciendo manifestaciones pacifistas o mandándose la parte de que ya no quiere hacer más bombas.
En otras palabras, si uno cree lo suficiente, tiene la cancha libre para cualquier cosa porque se evita esa plaga que ha perseguido a la humanidad desde el día del primer hombre que conoció a la hermana de su enamorada: ¡la duda!
El campo es ilimitado y llega hasta a los partidos de fútbol. Siempre he admirado a los hinchas de la “U” que creen que su cuadro es mejor (y son los que más campeonan). Admito que envidio a los que tienen tanta fe… será porque yo era hincha del Muni…
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Me parece que aquí se están confundiendo las “virtudes teologales” (fe, esperanza y caridad), que son conceptos religiosos, con la visión científica o filosófica del mundo. No es lo mismo ciencia que religión o que filosofía. De otro lado, el “pecado” (ruptura de la “ley divina”), estrictamente hablando, sólo existe para los creyentes en una divinidad; los demás no pecan, sino delinquen (ruptura de normas sociales o legales). No confundir tampoco la “fe” (recibida como un don según los creyentes) con la convicción en los ideales propios, con la seguridad que un individuo o un grupo social tiene en sí mismo… Entiendo que un científico puede tener convicciones religiosas, pero esto no debería llevarlo a confundir una cosa con otra. Particularmente, prefiero decir como Carl Sagan: “Yo no quiero creer, yo quiero saber”. Pienso que ésa es una auténtica actitud científica.
Estimado Renatus:
Todo lo que dices es cierto, sin embargo tiene un atenuante. No soy científico ni trato de ser filósofo. Me limito a ser un divulgador y, en mis crónicas trato de darle un enfoque liviano a las cosas. En este caso sería más bien un enfoque linguistico porque, como tu dices, las mismas palabras tienen significados distintos de acuerdo a como se enfocan. Creo que el ejemplo más ilustrativo es la palabra “peccato” en italiano que tiene dos sentidos: trasgresión de la ley divina y “pena” (en el sentido de lástima).
Por ejemplo, si le digo a alguien que se me perdió una llave y me dice “que pena”, a querido decir que es una lástima o disgusto, en castellano no se refiere a la pena que un juez sentencia a un reo. Este es el sentido de pacado en italiano.
Mi enfoque es, como repito por el lado de uso de palabras y diversos significados que se le puede atribuir y trata de hacerlo con humor. Si no lo logro es un “peccato”, una pena.
Saludos,
Tomás