
A medida que sube el nivel de vida aumenta el consumo y con él, el volumen de basura.
A partir de la revolución industrial el término “desperdicio” ha adquirido un nuevo significado. Los productos de la industria, cuando dejan de ser útiles, se convierten en un desperdicio a menos que sean aprovechados. La fabricación también produce desperdicios, frecuentemente tóxicos. La revolución industrial dio lugar a la urbanización y a la concentración de desperdicios. El crecimiento poblacional y el aumento del nivel de vida han multiplicado exponencialmente el volumen de lo que llamamos “basura”.
BASURA Y ENERGÍA
Basura se podría definir como una mezcla de cosas que, individualmente, valen menos de lo que cuesta separarlas. Esta definición lleva a la conclusión de que, si no hubieran sido mezcladas, dejarían de ser basura. Los ejemplos abundan. Restos de comida mezclados con botellas, latas, cajas vacías, papel, y envases de plástico son basura. Los componentes separadamente son utilizables. Los EE.UU. producen 2.3 kilos de basura por habitante, 690 mil toneladas al día. Europa produce 1.6 kg/h.
Para disponer de estos volúmenes se requiere espacio y energía. Transportarlos para incinerarlos o depositarlos en un relleno consume energía y presenta además un peligro de contaminación. El creciente costo de la energía y el efecto de las emisiones de la combustión sobre el clima hacen cada vez más crítico disponer de la basura.
EL RECICLAJE
Por miles de años se han reciclado algunos materiales: convertir “espadas en arados”, y lo inverso en épocas de guerra, son ejemplos. Metales y telas se han reciclado por siglos, pero la industria moderna ha añadido productos que, además de requerir mucha energía para fabricar, requieren energía adicional para destruirlos. La crisis energética y climática está obligando a reconsiderar el manejo de estos desperdicios.
Uno de los objetivos es la reducción de la energía consumida y de gases invernadero emitidos por la incineración. Un estudio hecho en Inglaterra demuestra que incinerar un millón de toneladas de basura produce emisiones de CO2 equivalentes a las que producen 500 mil autos en un año. Otro ahorro importante está en la energía usada para reciclar. Se requiere mucha energía para producir aluminio, pero 95% se ahorra al reciclarlo.
Reciclar acero y plásticos ahorra entre el 60% y el 70%. Para reciclar papel se usa aproximadamente 60% de la energía requerida para fabricarlo pero, más importante aún, se evita cortar árboles. Para el vidrio, cuya materia prima es barata, el 30% de la energía ahorrada en el reciclaje es importante. Los envases, cada vez más complicados, generalmente de diversos tipos de plástico, son más problemáticos.
LAS SOLUCIONES
A partir de los años 80 se ha ido creando conciencia de la crisis ambiental y diversos países han comenzado a reciclar los desperdicios. Esto supone separar la basura en diversos recipientes. Hoy Japón y Alemania, los más exitosos, reciclan cerca del 90% de su vidrio. En 1991Alemania dio un paso importante haciendo responsables a los fabricantes del destino de sus envases. Los productos marcados con el “punto verde” han pagado los costos de la recolección y reciclaje de los envases.
Mientras que los metales y el vidrio pueden reciclarse indefinidamente, este no es el caso del papel; se estima que al cabo de unos seis usos ya no sale a cuenta reciclarlo. Sin embargo, el reciclaje de papel va en aumento, siendo China uno de los más grandes consumidores de papel para reciclaje, tiene una gran demanda de materia prima y mano de obra barata, siendo hoy el principal consumidor de desperdicios reciclables
No todos los países tienen la misma actitud hacia el medio ambiente ni las facilidades para un reciclaje efectivo. Entre los de mayor éxito están Holanda y Austria, que reciclan más del 60% de sus desperdicios municipales. Los EE.UU., que reciclaban alrededor del 10% hace 20 años, hoy reciclan el 32%, mientras que Francia recicla un 30%. Nuevas tecnologías prometen que estas cifras aumentarán.
Un gran adelanto es un sistema que no requiere de la clasificación manual, inventado por una empresa noruega. Con cilindros centrifugadores, fajas transportadoras, selectores magnéticos y aire comprimido, manejados por sensores computarizados, separa la basura. Los metales, los plásticos y papel van cada uno por su lado. Los residuos orgánicos, si no son usados, son reciclados por la tierra. La separación de los plásticos es mucho más compleja.
Un problema más difícil son los artefactos eléctricos en general y los electrónicos en particular. El reciclaje de las computadoras y aparatos electrónicos se enfrentado en otra forma. La legislación europea hace responsable al fabricante del destino de aparatos los electrónicos. Esto ha llevado a las empresas a recibirlos gratuitamente y encargarse de disponer de ellos.
En los EEUU, entre los fabricantes de computadoras, Hewlett Packard ha marcado el camino instalando sus propias plantas de reciclaje. Otros están recogiendo sus máquinas desechadas sin costo para el cliente. Algo similar sucede con los automóviles. Alemania ha establecido ciertas normas para hacer reciclable un mayor número de componentes de los autos que fabrica. El problema no es sólo de materiales sino de la mano de obra requerida para desarmar complejos mecanismos con el fin de clasificar sus componentes en función del material.
Como sucede en todo, lo que da nuevo énfasis para resolver de un antiguo problema, son los dos móviles más fuertes: el miedo y el dinero. El calentamiento global es una realidad y se está creando conciencia del impacto que tiene el consumo de energía sobre el clima, simultáneamente el crecimiento de la economía en general, y de algunas de las economías en particular, ha hecho que se dispare el costo del petróleo. Dos factores que han dado un nuevo impulso a algo que debíamos venir haciendo hace tiempo: reducir el desperdicio.
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