
La prosperidad del género humano es un fenómeno reciente. En términos evolutivos, de los últimos instantes. Por millones de años, primero los antropoides y luego el Homo sapiens, ha tenido tres necesidades básicas: que no se lo coman, comer y reproducirse.
Conservamos los instintos desarrollados para satisfacer estas tres necesidades básicas. El primero ha cambiado en algo, pues ya no hay tigres de largos dientes que nos persiguen, pero hay combis, asaltantes y otros peligros. El cuidar nuestra integridad física sigue siendo necesario, pero los otros dos nos causan problemas.
El progreso de la medicina, a partir de Pasteur, ha causado una caída drástica en la mortandad infantil y una extensión espectacular de la expectativa de vida. Como consecuencia, el entusiasmo por reproducirse ha cuadruplicado la población mundial en cien años. Recién el descubrimiento de anticonceptivos eficientes espera controlar la explosión demográfica en el próximo milenio. La comida sigue siendo un problema.
Por millones de años nuestros antepasados obtuvieron la comida con gran esfuerzo físico; no comían cuando tenían hambre sino cuando podían. Esto originó los mecanismos de almacenamiento de energía, para comer todo lo que se pudiera y almacenar “combustible” –principalmente en forma de grasa– para poder conseguir la siguiente comida. La vida sedentaria era un lujo que recién pudieron permitirse algunos al llegar la agricultura y la conservación de comida. Por mucho tiempo la gordura fue señal de prosperidad, pues reflejaba el raro privilegio de tener alimento almacenado.
Hoy, la mayor parte de la población mundial –con excepción de notables zonas de hambruna– tiene a su alcance un mayor número de calorías del que requiere su actividad física. La gran diferencia es que, en los países desarrollados –y en un creciente número de países subdesarrollados– se requiere un mínimo de actividad física para obtener ese alimento y hay un exceso de calorías y grasas de libre disposición.
La abundancia de alimento es tan reciente que no ha dado tiempo a la evolución de adaptarse. En muchos casos seguimos ingiriendo más de lo que necesitamos y nuestro organismo –con la eficiencia desarrollada a través de millones de años– acumula el exceso en forma de grasa para esa emergencia. El resultado es un creciente sobrepeso de la población mundial. Hombres, mujeres y niños están acumulando grasa, que no necesitarán quemar. Es más, cargar esta grasa reducirá aún más su nivel de actividad.
Con excepción de unos cuantos privilegiados que por razones genéticas no acumulan grasa –lo que les hubiera acortado drásticamente la vida hace unos miles de años– los demás necesitamos de una disciplina consciente para no adquirir sobrepeso. La consecuencia es lo que la Organización Mundial para la Salud considera una epidemia de obesidad a nivel mundial. Esto requiere algunas definiciones de sobrepeso y obesidad.
Hoy es universalmente aceptado el sistema del belga Quetelet, llamado IMC (Indice de Masa Corporal). Sigue una sencilla fórmula: el peso en kilos entre la talla al cuadrado. Por ejemplo una persona de 80 kg. que mide 1.70 m., tiene un IMC de 27.7 (80 entre 1.7 x 1.7). Esa persona tiene sobrepeso, pues un IMC superior a 25 es considerado sobrepeso, mientras que un IMC superior a 30 se califica como obesidad. No hay un límite preciso entre sobrepeso y obesidad, y las cifras fluctúan entre 27 y 30, dependiendo de quien lo establece.
Lo importante es que el sobrepeso y la obesidad están ligados directamente a los males cardiovasculares, hipertensión, diabetes, accidentes cerebro vasculares, enfermedad vesicular, osteoartritis, problemas respiratorios y ciertos cánceres. En otras palabras, se puede considerar al sobrepeso, y sobretodo a la obesidad, como estados patológicos que bajan la calidad de vida y acortan su expectativa.
Próximamente trataremos sobre los recursos más recientes para su control.
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Ing. Unger, muy cierto todo lo que escribe y lo felicito. Soy un creyente de que las dietas y cuanta formula magica nos vendan para que la gente pierda peso es un embuste. Todo radica en mantener un balance adecuado entre lo que se come y lo que se quema, verdad? Si una persona es amante de la pasta, los helados y el chocolate bien puede tener una actividad fisica brutal que lo mantenga en el peso ideal. Podriamos tomar como ejemplo a Phelps que consume mas de 10 K calorias por dia pero como esta en la piscina mas de 6 horas pues las quema todas.
Vivo actualmente en Florida y es una lastima ver a muchisima gente con sobrepeso, sobretodo negros y latinos. Creo que es un factor asociado tambien al nivel cultural de las personas porque muchas veces he oido comentarios como “que sanito que esta el nene” para referirse a un ninho por demas bien comido. Evidentemente la gente con poca cultura asocia el sobrepeso a una buena salud.
Augusto:
Gracias por tu comentario. El asociar la gordura con la prosperidad está muy arraigado en muchas culturas. Donde por miles de años la mayoría andaba con hambre.
En el caso de Phelps, sospecho que además del tremendo ejercicio que hace debe tener un metabolismo privilegiado. Hay el caso de personas que simplemente no hacen grasa a pesar de que comen mucho y por otro lado hay quienes tienen una tendencia natural a engordar. Son casos extremos y la mayoría de los obesos, como dices, lo son porque comen demasiado mal y hacen muy poco ejercicio.
Saludos,
Tomás