
Una vez más la Pascua está aquí. Ya comenzaron a llegar las tarjetas que nos recuerdan cada año que, después de todo, las Naciones Unidas sirven para algo. Algunas tienen firmas ilegibles y nunca nos enteramos de quién la mandó. “¿Quién es José y Rosita?” “No, más parece dice Jorge y Rut”, “¡No botes el sobre!”… “Pero no dice nada… o es por la estampilla”… “yo siempre las guardo para Anita…”
Las tarjetas de pascua se han convertido en una industria muy peculiar que –además de justificar la existencia de las NN.UU. y congestionar los correos –da ocasión para conocer mejor a la gente. Me imagino que la elección de las tarjetas, sobre todo en el caso de las grandes empresas, debe ser un proceso interesante. Por alguna razón, las empresas extranjeras siempre buscan temas profundamente nacionales. Desde huacos hasta grabados de Pancho Fierro… desde la época de la IPC.
Los cuadritos con temas navideños pintados por niños –y obviamente retocados por adultos– siguen de moda, así como las reproducciones de cuadros renacentistas, mucho más de acuerdo con la ocasión. Hay un cuadro, creo que de Fray Angélico, que parece hecho para tarjeta de Navidad. Luego están los angelitos modernos. “Mira esa tarjeta, ese ángel tiene cara de drogadicto… mira la mirada perdida y la boca abierta, además ¡está volando!” “Supongo que el mensaje es: ¡A la droga dile No, aunque seas un querubín!” Además están los papanoeles y los arbolitos, que merecen ser tratados aparte.
Siempre fui enemigo de Papa Noel, con su ridículo traje invernal (totalmente inadecuado para bajar por chimeneas) en nuestro verano limeño. Y los pinos nórdicos con nieve artificial para subrayar la incongruencia. Pero, cuando creía haber montado toda una campaña de desprestigio contra Papanoel, llegó el General Velasco. En uno de sus exabruptos anticapitalistas condenó a Papanoel, con lo cual le subió el “rating” en 1,000%. Hasta aparecieron stickers en los autos proclamando “Viva Papa Noel”. Estaba condenado a perder mi batalla, y me acostumbré a tolerarlo, en parte por los nietos.
La Navidad es una de las pocas ocasiones en que veo a mis nietos, y me parece una ocasión poco propicia para desprestigiar a Papa Noel. Es más, en esa ocasión se arma en la casa un árbol –un pino, claro está– con bolitas, angelitos y un nacimiento con figuras serranas. Hay caballos que parecen camellos, vacas con cara de perro y carneros con ojos de conejo. Dado que los niños de hoy tienen escasísimas oportunidades de ver animales, me pregunto que efecto tendrá sobre ellos esta fauna surrealista que habita la casa hasta el 6 de Enero.
Ahora que lo pienso, tal vez sea mejor. Cuando tengan mi edad y se hayan extinguido casi todos los mamíferos de la tierra, no los extrañarán. Si se parecían a los del nacimiento de la casa del abuelo, ¡bien extinguidos! Pero si nuestra navidad nos parece incongruente, hay que ver los comerciales del cable.
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Hola: hace años me enseñó un cura católico que la navidad no es pascua, la pascua es la resurreción de Cristo, es el paso de l muerte a la vida.
Tiene razón, yo también estuve en colegio de curas. La Pascua es la de Resurrección y el 25 de diciembre se celebra la navidad.