Identificación por ADN

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Los aficionados a las series policiales de televisión conocen bien la importancia del ADN. Han pasado 65 años desde que el investigador Oswald Avery identificó la función del ácido desoxiribonucleico (ADN) en la transferencia de características hereditarias. Pasaron 9 años hasta que, en 1953, James Watson y Francis Crick descubrieran su estructura espiral y con ello la forma en que está codificada la información genética.

Veinticinco años después los biólogos Werner Arber, Daniel Nathans y Hamilton Smith descubrieron las enzimas de restricción, que cortan la espiral en lugares específicos. Con esto nació una nueva ciencia trascendental: la ingeniería genética. Diez años más tarde, en 1984, el genetista inglés Alec Jeffreys desarrolló un método para identificar visualmente las secuencias ubicadas entre genes, cuya configuración es diferente para cada individuo, siendo la excepción los gemelos idénticos (por provenir de un mismo óvulo).

A partir de estos descubrimientos la ciencia de la genética avanzó a pasos acelerados. El siglo XX se cerró con un esfuerzo multinacional que produjo un mapa del genoma. Según uno de los investigadores del proyecto: “… el equivalente de un libro, escrito en un idioma que aún no conocemos, pero cada nueva frase que aprendamos abrirá una nueva posibilidad para la biología y la medicina…”. Desde la antigüedad sabemos que hay enfermedades hereditarias y una de las primeras metas de los investigadores ha sido ubicar los genes donde están codificadas. A partir del descubrimiento de Jeffreys, el material entre los genes también contiene información valiosa.

Cada célula contiene en su núcleo, codificada en 23 pares de cromosomas, una larga cinta (2 m) de ADN con la información necesaria para construir los 100 mil millones de células de los diversos tejidos que forman el cuerpo humano. Esta espiral, como una escalera de caracol, tiene más de 3,000 millones de peldaños: pares de bases nitrogenadas de adenina (A), timina (T), citocina (C) y guanina (G). Los pares se forman sólo juntando A con T y C con G.

Su capacidad de información es tal que, si cada par de nucleótidos correspondiera sólo a puntos y rayas, el ADN de una célula humana podría transcribir en alfabeto Morse 1,000 tomos de la Enciclopedia Británica. Es interesante observar que, a pesar de las aparentes variantes de nuestro aspecto exterior, la diferencia entre el ADN de todos los humanos no llega al 0.1%. De nuestro pariente más cercano, el chimpancé, nos diferenciamos en 1.5%.

Ciertas secuencias especiales, que contienen cientos de miles de pares de bases, son los que dan las instrucciones para formar las proteínas necesarias para construir el organismo. Estas secuencias se llaman “genes”, y su número aún no es conocido pero se estima alrededor de 23,000. Entre los genes hay largas secciones de ADN, cuya función no se conoce y se le llama por el momento “chatarra”. Esta “chatarra” es la que, como la huella digital, varía con cada individuo.

La prueba de fuego vino en Inglaterra en 1987, tres años después del invento de Jeffreys. En 1983, en una aldea inglesa fue asesinada una niña de 15 años sin que la policía encontrara una pista. Tres años más tarde, a menos de 2 km, otra niña fue asesinada, violada y estrangulada como la anterior. Una semana más tarde, el empleado de un asilo mental confesó el asesinato. Los investigadores quisieron comprobar si también había cometido el asesinato anterior, para lo cual recurrieron al doctor Alec Jeffreys, quien estaba trabajando en la Universidad de Leicester.

Con muestras de sangre y semen de ambas víctimas Jeffreys pudo comprobar que el muchacho no había matado a ninguna de las dos. En 1987 la policía inició una toma de muestras de sangre de más de 4,000 jóvenes de la zona y comenzó la enorme labor de confrontar muestras de ADN. Mientras esto sucedía, un joven se jactó en una cantina de haber dado sangre bajo otro nombre, el de un amigo panadero que se lo había pedido. El panadero fue apresado, su ADN coincidió con el recogido de ambas víctimas y fue condenado.

El procedimiento de Jeffreys permite marcar en una imagen trozos de la “chatarra” del ADN en lugares específicos y busca la coincidencia. Basta una célula, ya sea de saliva, semen, pelo, piel, carne o hueso; cualquier célula con un núcleo que contiene ADN, permite separarlo con reactivos y solventes. Luego se introduce enzimas, que cortan el ADN en lugares específicos, para obtener secciones. Estos fragmentos, amplificados y sometidos a una corriente eléctrica se orientan con el extremo positivo a un lado y el negativo al otro. Así pueden ser visualizados y detectadas las coincidencias, cuando las hay. El proceso ha sido perfeccionado y automatizado y hoy se obtiene los resultados en pocas horas.

Gracias a la televisión el uso más conocido del ADN es para identificar criminales y determinar la paternidad de un niño, pero la confrontación de ADN tiene también aplicaciones en medicina. En transplantes o injertos de médula es esencial saber si será rechazado por el sistema inmune, y una comparación del ADN del donante con el receptor es el mejor recurso. Ante la posibilidad de transplantar células “madre” para restaurar tejidos, comprobar la compatibilidad es la clave del éxito.

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2 respuestas para Identificación por ADN

  1. Tomás Unger dice:

    Pregunta por Twitter y sección Recomiéndame un Tema :

    Por : Ivan Cútolo – Twitter: @icutolo

    Buenos días Don Tomás, no sé si sea un buen tema, pero igual se lo planteo.
    Tengo curiosidad en saber el porqué en algún lugar del mundo hay otra persona físicamente idéntica o muy parecida a otra sin que se conozcan entre ellos. ¿Será cierto o son solo leyendas urbanas?
    Bueno espero poder contribuir a su blog que es siempre bien ameno e interesante.
    Iván

    —————————————

    Iván:
    Tomemos como ejemplo los pelos de la cabeza que no llegan a medio millón y hay más de 6000 millones de personas en el mundo.

    Por consiguiente debe haber cientos de miles que tienen el mismo número de pelo en la cabeza, sobre todo si se considera tipo de pelo, superficie de cráneo similar… estos sin contar a los calvos.

    El genoma es otra historia, porque tiene miles de millones de instrucciones, es muy probable que haya personas con muchas características físicas similares pero es improbable que sean todas.

    Una excepción son los gemelos, que provienen de un mismo ovulo.
    Las probabilidades de que dos personas concebidos de espermatozoides y óvulos distintos sean iguales, son mínimos.

    Esta es mi opinión y no soy biólogo por lo que agradecería si algún profesional puede aportar más información sobre este tema que me parece sumamente interesante.

    Gracias por el comentario,
    Saludos,
    Tomás

  2. Iván Cútolo dice:

    Gracias don Tomás, pensé que iba a tomar más tiempo en publicar mi recomendación, gracias por la valiosa información. Un abrazo.

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